Una atmósfera bella y privada con unas de las mejores vistas de todo Madrid por su ubicación en la gran vía. La música es moderna y bastante movida para dar un toque de personalidad. Desafortunadamente solo puedes estar en la mesa 90 minutos para disfrutar de alguna tapa y sobre todo lo cocktails que viene presentados de excelente forma, con una explosión de sabor y frescura.
Mari Angeles Cano García
+5
Esta terraza está muy bien ambientada y en una ubicación excelente. Ubicada en la azotea del hotel Montera, justo en una esquina de Gran Vía.
Estuvimos una tarde-noche en el mes de agosto y nos encantó, hice una reserva a través de la web y teníamos preparada una mesita la mar de coqueta.
Disfrutamos mucho del ambiente, del servicio, de la comida, de las bebidas y de la música. Sin lugar a dudas el trato recibido es inmejorable, nos atendió una chica muy atenta.
En cuanto a lo que consumimos, tienen una extensa carta de cocktails, vinos, etc. para empezar, como era temprano para cenar, nos pedimos un Negroni y un Moscow Mule, estaban muy bien preparados, muy ricos.
Más tarde, nos pedimos algo de picoteo con una botellita de vino blanco que estuvo bastante bien.
En cuanto a la raciones si me gustaría decir que las vimos un poco justas, aunque es verdad que no se trata de un restaurante al uso y creo que está pensado para un picoteo rápido, quizá deberían ser un poco más generosos sobre todo para que no haya mucha descompensación con la cantidad y el precio.
El lugar es muy bonito, nada más entrar al hall del edificio te sorprendes con una maravillosa decoración y la subida a la terraza se hace en un ascensor muy vistoso.
La terraza está montada con mucho gusto, recuerda al Madrid castizo, la uniformidad del servicio es muy original, tiene unas vistas de 360° y cuenta con camas balinesas.
En definitiva, nos enamoró, sin duda muy recomendable.
Fabuloso lugar. Atención de 10 puntos. Ambiente muy agradable. Vistas maravillosas de Madrid.
Precio para entrar, que luego lo descuentan de la consumisión, así que buena idea.
El camarero nos traía aceitunas para ir picando. De agradecer, porque este detalle no lo tienen en ningún sitio. Servir aperitivo/tapas sin pedirlo.
La música muy agradable, estuvimos con el fondo musical de jazz. Una pasada.
Realmente no pedimos nada de comer. Queríamos ver el atardecer y beber una copa. Pero la carta se ve apetecible. Gracias por hacer las cosas con cariño, eso se refleja en la atención.
Recomendado hacer reserva👍
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